Seppuku bordado: en torno a una pieza de Ángela Atenas

Se abre la redoma.

¿Puede acaso el bordado ser considerado una técnica artística? ¿Cuáles son los parámetros para definir qué procesos son aptos para crear piezas de arte? ¿Qué pasa cuando el bordado es capaz de traspasar la barrera de los moldes convencionales y adaptar lo que el espectador bien podría ver en un trabajo de Otto Dix, o en una placa fotográfica de Joel Peter-Witkin? Las respuestas a estas preguntas las encontré cuando observé por primera vez el trabajo de Ángela Atenas.

Con una mano sostiene el aro que se asemeja a una bestia Ouroboros utilizada como caballete para hilar. Con la otra, hace que el hilo traspase la superficie de la tela. El alfiler: un pez espada,  un xiphias gladius que direcciona el movimiento y trazo del hilo que pronto dará nacimiento a una figura femenina, es decir, a una matriz y no a un patrón.

Dentro de la escenificación, observamos a una mujer con las piernas cruzadas, en postura siddhasana, que sale de la penumbra. Pero, hay algo más que aquella forma de sentarse frente a una oscuridad que poco a poco abre sus fauses. Existe un alumbramiento que dirige la mirada hacia el desgarre. Dicha apertura vertical deja caer los órganos internos, hilados entre sí. Metódicamente, Ángela, con la precisión de un cirujano, acomoda el espectáculo de entrañas. En este acto, quien se descose es también su propio arúspice. 

Quien observa el montaje del esparcimiento se pregunta si la figura extrae o mete sus órganos, o si se trata de un movimiento alterno, premeditado, como si escogiera tranquilamente cuál órgano es necesario rescatar antes de cerrar el vórtex sobre el pedazo de tela. Tal espectáculo recuerda al cuento de Yukio Mishima, titulado Patriotismo, donde el teniente:

Colocando la espada frente a él, se alzó ligeramente sobre sus muslos e inclinó la parte superior del cuerpo sobre la punta de la espada […] Usando solamente la mano derecha, el teniente comenzó a cortarse el vientre de lado a lado. Pero,  a medida que la hoja se enredaba en las entrañas, era rechazada hacia afuera por la blanda resistencia que encontraba allí. Tiró hacia un costado, pero el corte no se produjo con la facilidad que había esperado. Concentró toda la energía de su cuerpo en la mano  derecha y tiró nuevamente. El corte se agrandó ocho o diez centímetros […] Atacado súbitamente por terribles vómitos, el teniente gritó roncamente. Los vómitos volvieron aún más horrendo el dolor , y el estómago , que hasta aquel momento se había mantenido firme y compacto, explotó de repente, dejando que las entrañas reventaran por la herida abierta.

Yukio Mishima, La perla y otros cuentos, Siruela: Nuevos Tiempos. Traducción de Magdalena Ruiz Guiñazu y Antonio Cabezas.

Sin embargo, en esta pieza de Ángela Atenas la herida vertical pretende cerrarse con el mismo instrumento que provocó la abertura. Se trata de un momento de reflexión donde la figura femenina decide apropiarse y volver a ser parte de sus emociones y mantenerlas en el estómago herido. Al igual que en un grabado de Jan Luyken (1649-1712) el rostro de la experiencia del sufrimiento se asoma taciturno.

Ángela Átenas, “Curarse las heridas”.

Estamos ante el retorno de las entrañas al templo corporal. Por eso, la expresión de quien orquesta este harakiri no es de dolor, sino de tranquilidad ante la idea de volver a formarse y, con el tiempo, sanar sobre un pedazo de tela grisáceo que poco a poco abre un abismo que no sabemos hacia dónde nos lleve. El lienzo circular, atrapado por las fauces de la bestia que se muerde la cola, funciona como un espejo de quien al mismo tiempo borda sus inquietudes, y esto brinda la posibilidad de hablar del escribano de Salvador Elizondo que se escribe a sí mismo mientras observa su reflejo, o meramente de un efecto Meninas localizado sobre la superficie telar de un espectro femenino que se regenera dentro de su propia herida, mientras la mirada atónita del espectador no sabe si los hilos intestinales son expulsados o bienvenidos, o si el alfiler es la misma espada con la cual Ángela cura y simultáneamente genera las aberturas del tiempo vivido.

Se cierra la redoma.

Sobre Ángela Atenas:

Bibliotecóloga, artista visual y cuentista. Estudió Bibliotecología y estudios de la información en la UNAM. Se ha especializado en la historia y estudio del libro antiguo en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Universidad Complutense de Madrid, Universidad de Carlos III y Universidad de Cádiz. Participó en la investigación de diferentes proyectos editoriales como “De libros ingenisosos y un manuscrito de la Biblioteca Palafoxiana” (2018). Becaria del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico de Puebla (2019-2020). Ganadora del primer lugar en cuento, concurso de la UNAM: Miradas Artísticas sobre la Pandemia: de la Paranoia a la Solidaridad (2020). Ha sido seleccionada en el concurso internacional de arte COVID-19, convocada por la Fundación Matilde Tamayo de Barcelona y Wentworth Norton Group de California con la obra El pasado nos alcanza (2020).

Redes sociales: IG: @angelaatenasc8

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